
Campesino guatemalteco en Esquipulas, Guatemala
Para conocer y entender por qué aún existe un campesinado pobre en Guatemala -los nadies de Galeano que menciona Marcela Gereda en el artículo de opinión “Campesinado invisible“- les recomiendo leer “Las relaciones urbano-rurales en Centroamérica: su modificación histórica” de Edelberto Torres-Rivas (uno de tantos títulos sobre el tema).
En la obra (irracional en muchas ocasiones por causa de la influencia de ideas kantianas y marxistas en sus evaluaciones) conocerán que la situación de los campesinos de Guatemala se reduce a la herencia de un sistema social de agricultura de subsistencia y monocultivo (apoyado eso sí, por un sistema social que incentivaba la acumulación de riqueza en manos de muy pocos). Y que esta situación cambiaría –como nunca antes había ocurrido en la historia – con el desarrollo de una pequeña y pujante industria de consumo a partir de la segunda mitad del siglo XX. A lo que se suma una migración del campo hacia la ciudad capital, al sur de México y a Estados Unidos durante muchas décadas que ha permitido el ingreso de riqueza al campo a través de remesas familiares.
Pero también, y esto es lo más importante, es que el sistema decadente de agricultura de subsistencia de los nadies se mantiene debido a la abulia “constante y transversal” que incentivan aquellos que dicen proteger los intereses de esos campesinos. Porque en lugar de proponer y reclamar que “la alimentación es un derecho”, deberían proponer que se respeten los únicos derechos que los seres humanos tienen:
- el derecho a la vida,
- a la libertad,
- a la propiedad privada,
- a la libertad de expresión y
- a la igualdad ante la ley.
Los derechos son derechos de acción, derechos a hacer algo sin que nadie se oponga; son derechos que permiten al hombre actuar y trabajar para hacerlos valer. Así, el alimento -el soma de Huxley- no es un derecho; pero sí es un derecho la libertad de trabajar para ganar el salario con el que se pagará por los alimentos. Los derechos nunca obligan a que nadie se sacrifique y nunca podrá ser un derecho que alguien se alimente a costa del dinero de otros.
Creer que la alimentación es un derecho es un ingrediente más de la receta del fracaso en que vivimos. Lo único que se alcanzaría con semejante estupidez es mantener pobres a los pobres. Los campesinos, los nadies, no necesitan representación política cuando tienen los estómagos vacíos. Los nadies necesitan ingresar al sistema económico y acumular riquezas. La única manera de conseguir riqueza es a través del trabajo y el desarrollo económico.
Mientras tanto, los que dialogan y creen saber lo que los más pobres necesitan, lo hacen discutiendo en salas de reuniones con grandes banquetes que incluyen una champurrada para el café. En eso, en las reuniones con champurradas, sí tiene razón Marcela Gereda.
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Galeano se refería a los Nadie como aquellas personas que no sólo eran excluidas del sistema (su voto, opinión, existencia, etc.) era insignificante para las aspiraciones políticas de los candidatos a puestos de elección gubernativa. De esos nadie habla Marcela en su artículo – ella los llama invisibles-.
Y, sí son invisibles; pero no son los únicos. En la vida en sociedad, la manera de ser “visible” es a través del dinero y la capacidad que con él tengas de satisfacer tus necesidades y/o pagar a otros por la satisfacción de las mismas. Esto lo han logrado los campesinos gracias al aumento de su poder adquisitivo con la recepción de remesas de dinero y/o su migración a áreas “industriales”.
Ahora, la representación política DEBERÍA ser a través del voto y los derechos de estas personas deberían de ser protegidos por igual. En países como este, la expoliación ante la ley es la que reina. Muy pocos gozan de ciertos derechos entre iguales y los demás son excluidos del juego.
El campesinado será invisible por siempre (a menos que decidan superar la pobreza en que viven). Y como funciona para todos nosotros; esto sólo se logra con el trabajo y la búsqueda de oportunidades de negocio. No con la ayuda gubernamental por la que tanto han “dialogado” quienes dicen representarlos.
Según sé, las ONGs han estado “comprometidas” con los campesinos por décadas y han gastado cientos de millones de dólares manteniéndolos en la pobreza y con casas prefabricadas que salen -rechulas- en las fotos que presentan anualmente en Europa.
Esos arreglos que proponen son un engaño y el compromiso peripatético que proponen personas como Marcela Gereda sólo busca continuar justificando salarios de muchos de sus amiguitos… Amigos que con reuniones y dialogos cool sí han conseguido algunos triunfos en aras del desarrollo de los pobres; pero que han tenido éxito sólo bajo un gasto demasiado alto, ineficiente e injustificable y peor aún, que han requerido del sacrificio de unas personas por otras.
Y esto, el sacrificio de algunos de nosotros por otros es lo que critico y rechazo. Porque los seres humanos no somos bienes de intercambio; no somos recursos humanos que pueden sacrificarse por el bien de otros como tan bien lo dijo Galeano.
Existe problema desde que alguien se puede considerar parte de “los nadie” o bien incluirse entre las categorías de “nosotros los pobres”, “nosotros los necesitados”; cada una es primero una condición del espíritu que sólo a partir de allí refleja la situación económica.
Te digo esto por que en mi opinión, la alimentación al igual que el vestir y la vivienda, son derechos del niño, en tanto dependen de un padre para sobrevivir. Lo que suelen llamar “los nadie”, “nosotros los pobres y los necesitados”, no es más que la condición de niños desamparados que Estados proteccionistas han inculcado, Estados cuya socialdemocracia se inclina a jugar el papel del padre que le da al niño de comer, lo viste y le da vivienda. pero que olvida que el niño tiene que crecer y entender que comer no es un derecho, pero si es un derecho poder trabajar para obtenerlo.
A la gente le fascina que el gobierno regale todo, creen tener derecho a recibir todo de gratis, por eso en su memoria, siempre será mejor aquel que regaló comida que aquel que abrió puestos de trabajo.