Una tormenta de pensamientos se cruzan, confrontan y luego chocan en mi mente. Todo parece indicar que el puto mundo es injusto y frívolo. Y luego intento discernir por qué lo considero injusto. No encuentro respuestas.
Es evidente que no tengo una justa medida para determinar si lo que ocurre, lo que me ocurre, durante la noche, deberé juzgarlo como injusto a la mañana siguiente. Y luego, quién soy yo para determinar si el mundo y la manera en que los eventos acontecen es injusto o frívolo.
Tenía varios años sin sentir -la nada- que siento. Tantos eventos que frustran mis planes de vida se amontonan lentamente sobre mis hombros y me amenazan. Debo a la vez recordar que apenas empiezo a vivir a los 24 años. El sentir esta nada, una carencia absoluta de sentimientos, es la peor medicina para resolver los problemas; y la simple y poco complicada solución no era una mejor receta par curar este mal.
Lo único que solía quedarme en estos momentos era apagar el flipón. Pero descubrí que tampoco era esa la solución; de nada me sirve apagar la nada que siento si lo único que me queda en realidad es despertar al día siguiente.
Creo que este es el momento de planear una huida a un lugar tan lejano y solitario en el que pueda empezar a sentir sentimientos que me hagan llorar. Algunos le llaman a ese -lugar- introspección, otros le llaman medicación. Yo mejor intentaré seguir leyendo un poco de Borges y sus ensayos sobre el sueño.
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