Mi trabajo involucra colecciones de millones de letras y palabras. Cientos de miles de libros pasarán por mis manos si continúo laborando en esta exótica actividad de revisar libros. Trabajo en una biblioteca que es ya un pequeño museo. A lo mejor y dentro de 50 años seré un protector de antigüedades que durante más de 400 años fueron creadas con pulpa de árboles, pegamentos, hilos y cueros. ¿Llegaré a ser un coleccionista?
Definitivamente, este trabajo no es para todos. Pasar varias horas al día revisando títulos de libros, buscar palabras clave en tablas de índices, revisar la conservación de las pastas, lomos y hojas; revisar la virginidad del libro que pudo haber sido violada por la humedad, el polvo, las polillas y el mal uso de sus antiguos dueños; conversar con el libro y recorrer sus páginas velozmente en busca de marcapáginas, anotaciones, marcas o manchas; decidir si es valioso o no. Ponerle un número y continuar con el siguiente.
Mi trabajo es el de un benévolo dictador que decidirá el camino de inicio o fin de un viejo libro con hojas amarillas.
Pero labores como la mía no son únicas y si quieren conocer más les recomiendo darle una mirada al libro de Richard Fortey titulado “Dry Store Room no.1“.
Fortey es un paleontólogo del museo de Historia Natural de Londres y su pasión es el estudio de los trilobites. Es autor de los siguiente libros The Hidden Landscape (1993), Life: An Unauthorized Biography. A Natural History of the First Four Billion Years of Life on Earth (1997), Trilobite!: Eyewitness to Evolution (2000), Fossils: The Key to the Past (2002), The Earth: An Intimate History (2004) y el más reciente título que ha publicado es Dry Store Room no.1 (2008).
Según comenta Olivia Judson para la revista de book reviews del NYT; el libro narra las excentricidades de las salas de restauración e investigación de uno de los museos de historia natural más grandes del mundo. El Museo de Historia Natural de Londres es el hogar de más de 80 millones de especímenes que son conservados en sus arcas. Sus guardianes son conservadores y coleccionistas de algunos de los tesoros menos conocidos y más raros del mundo.
Tal parece que la conclusión de Fortey es aplicable también a las bibliotecas. El autor comenta que el rol y la importancia de los museos en la sociedad no disminuirá. Ahora, los museos son el arca de conservación del pasado y la historia. Como repositorios del pasado, los museos y sus empleados, son necesarios para conservar la historia (ADN y escrita) del mundo y protegerla del ataque la polilla.
Yo le creo y sin duda las historias de algunos excentricos conservadores del museo que menciona en las páginas del libro harán de su trabajo una interesante lectura para compartir con los amigos.
Para leer el book review completo: “Olivia Judson (2008). The Collectors. Memoir for a place where the natural world gets a rational order. (p.8) New York Times Book Review: USA.”
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