Life is funny.
Estuve hace una semana en Escandinavia y no se cansaban de decir que allá no había pobres. Y en realidad, nadie puede ser pobre cuando las cosas son tan caras. Comer una hamburguesa llegó a costarnos casi US$14.00, tomar una cerveza costó más de US$16.00, tomar un tranvía durante algunas cuadras costó más US$ 3.00, en fin, todo era carísimo.
Pero allá no hay pobres según las estadísticas de la ONU. Claro, allá nadie podría vivir con menos de US$2.00 al día porque eso no te sirve para ABSOLUTAMENTE NADA.
La gente que más impuestos paga (llegan a pagar el 65% en impuestos sobre ingresos) llega a ganar cantidades astronómicas de dinero. Los apartamentos de 60 metros cuadrados llegan a costar más de 6,000 euros en alquiler mensual. Los automóviles llegan a costar más de 3 veces el valor de mercado en otros países de Europa. La inflación pone una soga por el cuello y asfixia a todos.
Pero, allá no hay pobres. Sin embargo, es común encontrar a drogadictos metiendose drogas gratis que son pagadas con las altas tasas de impuestos, hay cientos de refugiados e inmigrantes ilegales que venden baratijas en las calles, abundan trovadores y viejitas con panderetas pidiendo limosna, etc.
Pero, allá si hay pobres. Porque la pobreza no se puede describir solamente como ganar poco dinero y tener menos que los demás para sobrevivir. La pobreza que ví en aquellos países era igual de triste y patética que la que vemos en América Latina.
Lo único es que allá son menos los pobres y las oportunidades de vivir decentemente son mayores que en estos tristes pueblos. Allá hasta los más pobres pueden vivir en paz, pueden caminar con calma en las calles, ir a parques y plazas públicas, escuchar conciertos gratuitos y comer un helado a la orilla de la playa.
Acá no podemos ni siquiera vivir; estamos encerrados bajo grandes murrallas en nuestras casas con temor a salir. Acá somos muy pobres, hasta los que somos más ricos.
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