
Salí de la universidad y me di cuenta de que nada (bueno, casi nada) de lo que me recomendaron leer me fue útil. La mayoría de las cosas que leí las descubrí mientras caminaba y sólo algunas sugerencias las recuerdo con mucha estima.
Ayer leí un corto libro que confirmó que no estaba sólo en esto. Ciertamente a Mises lo vine a conocer y leer en la universidad. A Hayek y Rand los conocía desde antes. De libros de historia no hay ninguno bueno que de acá recuerde. Leí el libro de Weber con el Dr. de la Torre y la Rebelión de la Granja. Aparte de eso, cientos de inútiles fotocopias y débiles catedráticos que no pudieron enseñarme la verdad de las cosas. Pero se vale. Son pocos los catedráticos que pueden tomar el tiempo de dedicarse a enseñar la verdad de la cátedra que imparten a sus alumnos. No es su culpa, es sólo su excusa.
Del libro, he leído solamente 6 libros de los que son mencionados a lo largo de sus 54 páginas. Hay quizás unos 100 más que nunca había escuchado. Por suerte no tengo ya 40 años y me queda mucho tiempo para leer.
Lo recomiendo para todos aquellos que no han leído más de 100 libros a lo largo de sus vidas. O que aún no han empezado a crear su biblioteca personal. En algo estoy en desacuerdo con el autor, el que todos los grandes clásicos o “great books” se contradigan no es razón suficiente para criticar los programas como el de St. John que tanto me entusiasma. Al final, es el rol de los catedráticos y la madurez del alumno la que permitirá identificar esas contradicciones y encontrar la verdad.
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