Sin sonidos callejeros

Uno de los comentarios más interesantes que he escuchado lo dijo una amiga estadounidense que vivió en Guatemala algunos meses. Tan sólo unos días antes de dejar el país me dijo que lo que más iba a extrañar era el ruido callejero. Yo vivo enfrente de Tikal Futura y estoy a una cuadra de la calzada Roosevelt. Ella se preparó para descansar la siesta y durmió.

Conversamos por la tarde y un automovil estaba con la música a todo volumen en la calle. Un amplificador sonaba en pruebas de sonido dentro del salón de convenciones del hotel y la bulla de la calle era particularmente exagerada esa tarde.

Me dijo que en su casa siempre había silencio. Un poco de ruido era la excusa ideal para llamar a la policía y jorobar a tus vecinos. Una visita del oficial era suficiente para que el silencio regresara a los alrededores de la casa.

Ahora hace calor y de nuevo tengo insomnio. Tengo las ventanas abiertas de par en par y escucho carros pasar, un radio de taxistas que conversan y creo que toman cervezas, un carro viejo pasó vomitando ruido y seguramente humo, escucho cadenas y pasan carros con el radio encendido. De repente hay silencio. Escucho grillos, el ruido de una carreta de metal que es empujada. Suena la bocina de un trailer. Otras bocinas, más radios de autos, un teléfono celular suena y escucho a lo lejos alguien hablando mientras camina.

Extraño tener algún lugar en donde sólo haya silencio. Mi amiga está quizás extrañando ahora la bulla del caos latinoamericano.

A ambos nos gusta esquiar. Ella disfruta de esquiar en silencio y yo disfrutaba de subir a la cordillera y al terminar de esquiar añoraba los “sweet moments of silence & thinking” cuando se prestaban a cerrar las pistas. A las 5 de la tarde eramos sólo la montaña nevada y yo.

Quiero silencio… silencio… silencio para escuchar a las montañas hablar.

Una respuesta

  1. Es curioso ese asunto del ruido, más cuando el comentario viene de alguien que vive tan cerca de la Roosevelt y uno pensaría que ya no le presta atención al ruido por el puro uso de la costumbre. Ya comentamos alguna vez que hay ciertos escritores que lo hacen evidente cuando sus personajes vuelven a Guate después de una larga estadía en lugares más “civilizados”.

    Yo no suelo ser consciente del ruido, en mi casa no es problema, me asombra más que en la ciudad siempre hay una vaga penumbra, que son muy pocas las ocasiones en que hay oscuridad total. Si, a veces necesitas silencio y oscuridad para ver las estrellas.

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