Ese es quizás uno de los sueños de cualquier escritor. Ser reconocido y tener lectores interesados en lo que han creado. Porque el escritor trabaja por largas horas interminables monólogos y borradores con el único afán de ser leído. Alguien que ha publicado una obra y consigue una larga lista de lectores, admiradores y discípulos puede decir, probablemente, que ha impactado para bien la vida de otras personas.
Si yo escribo acá y recibo oprobios como respuesta por las ideas que he expuesto debo analizar mis posturas e identificar si me he equivocado. Igualmente, si alguien me felicita por el trabajo que he realizado, deberé releer mi trabajo para identificar qué cosas fueron dignas de una felicitación.
Todo esto viene a que en el trabajo he estado revisando algunas donaciones de libros. Me impacta ver que muchos libros, muchos, tienen dedicatorias y autógrafos agradeciendo al “donante anónimo” por su apoyo y favores, colaboración, inspiración e admiración. Sin embargo, los libros están tristes, llegaron húmedos, viejos, sucios y abandonados.
Dura crítica, pero el valor de un libro con dedicatoria será igual y proporcional al valor académico y artístico que el dueño de la dedicatoria otorgue. Insisto, los libros están viejos, sucios y húmedos. Sin embargo, hay algunos cuantos, que como ejemplares interesantes, serán ingresados en nuestra colección.
Mi lección es que siempre que yo pida o acepte un libro con una dedicatoria lo haré por siempre. Igualmente, si en algún momento escribo una dedicatoria a alguien antes preguntaré si la atesorarán y por cuánto tiempo lo harán.
Archivado bajo: Politically Incorrect | Etiquetado: At The Library, autógrafos, dedicatorias, escritores, gajes del oficio, Guatemala, libros, Literatura























