Ayn Rand escribió que “hay tan sólo un poder que determina el curso de la historia, de la misma manera en que ese poder determina el curso de la vida de los individuos. Ese es el poder facultativo de todos los hombres racionales:el poder de las ideas. ” (1) Porque si conocemos las convicciones de un hombre podemos predecir sus acciones. Y si podemos conocer la filosofía que sostiene una sociedad, también podemos predecir su curso y los resultados que alcanzará.
El problema es que las convicciones y la filosofía son cosas que dependerán de las decisiones del hombre. Es así, que no existe el determinismo histórico, ni el racionalismo materialista. Los problemas de ahora son el producto de las ideas bajo las cuales nuestra sociedad se ha desenvuelto.
Si en Guatemala el crimen organizado y la expoliación ante la ley son un hecho se debe a que antes lo fueron y nunca se les detuvo. Fueron apoyados por los gobernantes y sus ciudadanos. Son apoyados por los gobernantes y sus ciudadanos.
Si en Latino América aún persistimos apoyando gobiernos socialdemócratas y populistas es porque en el pasado estos mismos gobiernos tenían una máscara distinta y el populismo militar reinaba. Esa es la razón por la cual no debió ser una sorpresa que ganara el sacerdote politiquero en Paraguay.
Si en Estados Unidos no importa que ganen los demócratas o los republicanos porque las políticas que sostienen son igual de terribles no es una noticia nueva. La razón de esto es que desde hace décadas, incluso desde hace ya más de 130 años cuando la Guerra Civil arrasó el país, los estadounidenses se acostumbraron al gigantezco sistema presidencialista de corte benefactor. Así que las políticas estadounidenses no habrán de cambiar sin importar quién gane.
Pero alto, en ningún momento he dicho que esto vaya a continuar y estamos destinados a seguir viviendo en la miseria. El cambio es posible. Pero antes de que podamos hacer cambios institucionales en nuestros tristes sistemas de gobierno es necesario reformular nuestros fundamentos ideológicos. Una vez hagamos esto seremos capaces de iniciar un camino, el cambio, hacia un sistema de vida en el que la seguridad, la prosperidad y la paz reinen.
Claro, esto no es sencillo.
Es necesario que los empresarios puedan crear más empleos dándoles la libertad de producir bienes de consumo. Claro, también será necesario que nos encarguemos de que la libertad de producir y comerciar no se convierta en libertinaje. También es necesario que la ley respete la igualdad de todos ante ella. Deben desaparecer los favores políticos y la venta de “indulgencias”. Para esto necesitamos reformular el sistema legal que permite a algunos accesar a lo que al resto está prohibido.
Si queremos paz debemos empezar por construirla. La única manera de realizar esto es dejando atrás las ideas que aprendimos de la historia causaron el desastre político y social en que vivimos.
Es necesario algo complejo, complicado y peligroso. El elaborar una nueva Constitución deberá ir de la mano de una revolución de ideas que es posible realizar sin que haya muertos y ríos teñidos de sangre.
Habrá que también exigir un cambio en los ciudadanos y enseñarles que las ideas bajo las cuales nacieron estaban equivocadas. A nadie le gusta escuchar que se equivoco y mucho menos perder sus privilegios.
No es fácil. Pero el cambio lo pueden hacer ustedes aprendiendo de la historia, analizando las ideas y principios bajo los que viven y luego, tan sólo luego, enseñar a aquellos que se encuentran cerca de ustedes.
Solamente así podremos hacer un cambio. No es necesario pensar en nuevas recetas para curar viejas enfermedades sociales.
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¡Sí a la Democracia! ¡No a Manuel Zelaya!…
¡No a las dictaduras populistas!
El expresidente Manuel Zelaya se encuentra en Costa Rica luego de que hondureños decidieran proteger su Constitución el día sábado 27 de junio de 2009.
Manuel Zelaya tenía previsto preparar una Consulta Popular que perm…
¡Guillermo! ¿Que tál?
¡Excelente elucubración!
De nuevo de acuerdo, en Latinoamérica se cernió una sombra desde hace muchas décadas: el populismo rapaz. Ese que confunde con una terrible retórica (ahora que supuestamente hay democracia) a las mayorías para dar cabida a derechos exclusivos (privilegios) a los intereses de ciertas minorías. Esta retórica y actuar populista de nuestros estados es la que ha llevado en buena medida, a nuestras “naciones latinoamericanas” a distribuir la poca riqueza que hay en vez de crear las condiciones para que esta se genere. Al no propiciar un estado de derecho, en donde cada ciudadano tengamos igualdad ante la ley, en donde priven los derechos individuales por encima del mal llamado “bien común”, en vez de esto, nos encontramos con una Latinoamérica (siendo Chile la única excepción) que abrumadora y lamentablemente va a paso de locomotora de vapor hacia el progreso, mientras vemos por la ventana de ese mismo tren a regiones o países como (China, Singapur, Taiwán, Estonia, Irlanda, Nueva Zelanda, etc.) en un AirBus A380 rompiendo los cielos….
No se que pensas Guillermo, pero el futuro no pareciera muy promisorio para nuestra región. Una gran nube colectivista/populista se arrastra por Latinoamérica, impulsando la vieja y rancia receta comunista muy a lo cubana “chico”, aunque Chavez diga que se trata de un “socialismo del siglo XXI” (eufemismo más ridículo).
Eso sí esta semana hubo una buena noticia, que tal vez me haga tragarme mis palabras si en el futuro los ciudadanos tomamos una acción en la defensa de nuestros derechos individuales; así como los Santa Cruceños (bolivianos), lo hicieron en el muy sonado referendo del domingo pasado. Región que esta tomando el “toro por los cuernos” buscando no ser parte de esa asfixiante burocracia centralizadora, esa colectivización de la propiedad privada y de tantos otros males que el gobierno de Evo Morales propone y pretende imponer con su nueva constitución.
¡Ojala y en el futuro no muy lejano podamos lograr ese cambio tan necesario para nuestras sociedades del que hablas en tu post… ojala!