Visitando “Con pasión absoluta” de la autora guatemalteca Carol Zardetto

El día de hoy nos acompaña Carol Zardetto de la Vega, ganadora del premio Mario Monteforte Toledo del año 2004. Carol es la autora de la novela “Con pasión absoluta” que bajo el pseudónimo de Silke Zítar fue ganadora del voto unánime del jurado calificador.

En el año 2004, el jurado describió la novela como “muy ambiciosa por los riesgos que toma en su estructura y desarrollo, y por el juego que genera su diversidad temática, elementos todos que se resuelven con belleza poética, intensidad dramática y una alta calidad literaria”.

En el grupo, encontramos en la estructura y el desarrollo de la obra un enorme reto. La riqueza de sus personajes, nos llevó a pasar por estados de ánimo de risa, suspiro, melancolía y empatía. Sus personajes, todos parte de un matriarcado familiar, consiguieron envolvernos en la novela a través de los recorridos de calles y paisajes de Guatemala. El viaje en el tiempo-espacio a través de la vida de Irene y su ascendencia sacó durante nuestras reuniones muchas preguntas y dudas sobre la función literaria que cumplían las perspicaces regresiones y saltos cronológicos.

Son memorables los recuerdos del Jesús del circo, Meme el chino y sus viajes disfrutando los placeres del opio, la descripción del primer momento en que la nena ingresa al chalet de Don Ángel, la “luna de miel” y el camisón mojado por las olas del océano Pacífico, la frustración que vivió la familia de Irene en los momentos de hambre, los abrazos de Mama Amparo y la empatía que compartimos todos junto a una mujer entregada a su familia.

Hay muchas citas, recuerdos y narraciones que nos acompañaron leyendo esta novela de una poeta y escritora laureada. Acá, encontramos muchos recuerdos de una mujer que salió de Guatemala a disfrutar de la vida en una ciudad del mundo desarrollado del que no quedan muchos recuerdos para contar. Quizás el recuerdo de una sala de baile, el ritmo de la salsa y la ruptura con los prejuicios de una chapina mientras abraza a un hombre negro.

En la narración estuvo presente el amor (1) que un uruguayo tuvo por Irene, un amor que la, y nos, acompañó mientras vivía en un lugar “prestado y solitario. Una casa en silencio. Sólo me acompaña un río verde que fluye con entera certeza de su destino, de lo cual no termina de asombrarme. Mí única compañía es C, que viene cada semana. Cocemos jaibas y camarones, le damos de comer a las gaviotas, mientras las cigüeñas nos miran de lejos con desconfianza. ¿Quién es C? (…) ¿Pero qué se yo del amor? He caminado un largo camino tratando de encontrarlo. Siempre ha sido un extranjero que pronuncia una lengua extraña. C pronuncia con frecuencia el a-m-o-r. Me pasa lo irremediable. No puedo atar los actos cotidianos que nos unen con ese atisbo de otra realidad.” (Zardetto, 2007)

Esta historia es la historia de sueños desgastados. De sueños y recuerdos que fueron contados, narrados y transformados dependiendo de la situación en que se encontraba el emisor. Su bisabuela, su abuela, su madre, su tía, ella; todas juntas viven sus recuerdos en las páginas de esta novela con ejemplar pasión, pasión que sólo puede tener una mujer que se ha enamorado.

(1) Nuestro primer encuentro con el amor ocurrió en la pluma de Cortázar cuando Horacio hace la primera declaración de amor a la Maga: “-Nunca nos quisimos-le dijo besándola en el pelo
-No hablés por mi -dijo la Maga cerrando los ojos-. Vos no podés saber si yo te quiero o no. Ni siquiera eso podés saber.
” Acá, el amor lo vivimos junto a los personajes a partir de la separación. Un amor que es evocado a través de recuerdos tortuosos e imposibles.

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