Hace algunas semanas sacaron la ley de feminicidio. La intención es tan buena como las penas que impone la ley. Sin embargo, el que exista una ley específica para juzgar a aquellos que asesinen a una mujer no ayudará en nada. Por más leyes que se creen si la justicia y sus ejectores no son respetadas es tan sólo una verbórrea de castigos y sentencias.
Esto me recordó a las cacerías de brujas que gracias a la bula summis desiderantes affectibus del Papa Inocencio III fue utilizada para capturar a miles de mujeres bajo el crimen de brujería. Los cazadores eran dominicos de la Iglesia Católica. Los inquisidores no tenían cara y la bula papal fue utilizada para salvar las peores venganzas y los más estúpidos de los crímenes.
Mucha sangre corrió y muchas murieron con el favor de la Iglesia Católica.
Claro, antes de matarlas en la hoguera muchas eran apaladas con cosas por el ano como una de las torturas más útiles para hacer que vomitaran lo que los inquisidores querían escuchar como confesiones. Ahora la Iglesia existe, pero ya no son los dominicos los cazadores. Mucho más triste aún es ver que en lugar de bulas hay leyes, y en lugar de inquisidores hay carnívoros jueces y abogados.
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