Hoy leyeron para mí un poema en que la primavera era el escenario de fantasías que no he cumplido. Desde la llegada de ella, primavera con polen y calor a esta tierra, no he podido descansar un solo día sin recriminar su ausencia.
Porque la primavera para mí no es otra cosa que amor desenfrenado y temeroso. Temeroso por el desenfreno de una mente acostumbrada a las costumbres y al pudor. Desenfrenada porque me lleva a cometer locuras nunca antes pensadas por mí durante noches ardientes acá, al sur y al norte.
La primavera es el nombre de aquellos frutos que durmieron en mi cama. Que se levantaron a la mañana siguiente y me preguntaron quién de los dos prepararía el café. Quizás el fin último sea tomar un café mañanero y descubrir que yo también puedo romantizar con flores y estaciones.
La primavera ha llegado desde mucho tiempo atrás y hoy, ayer y quizás mañana me seguirán acompañando como un libro medieval que desde hace algunas noches me visita en mi computador.
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